¡Salve, César! ¡Salve, Coens!

El cine se trata de contar historias. Las hay buenas y malas, pero eso no define una película, puede haber buenas historias mal contadas e historias sencillas magistralmente expuestas; es como un buen chiste: no se trata de lo que dice, sino de cómo lo dice. Una excelente oportunidad de analizar esa propuesta es ir a ver ¡Salve, Cesar! Y deleitarse con el trabajo de Ethan y Joel Coen.

Ubiquémonos en esa época mágica del cine, los años cincuenta, cuando en los dramas se daban tiempo de cantar, los vaqueros iban impecables en pantalla y todos los extras en un filme épico eran de carne y hueso; y no hay mejor manera de retratarla que en el día a día de Capitol Pictures. Ahora démosle protagonista: el hombre recto y abnegado que arregla los problemas del estudio, y metámoslo en muchos conflictos: una de sus estrellas está embarazada, debe conseguir actores para sus producciones, lo acosa la prensa sensacionalista, le tientan con un empleo irresistible y para colmo de males, el actor principal de su película más costosa ha desaparecido, posiblemente secuestrado. Ese es nuestro preámbulo, ahora hagámosla divertida.

Lo más brillante del filme es no tomarse nada a pecho, los directores ni siquiera aluden la época con nostalgia y aun así resulta encantadora. Se dan tiempo de jugar con los géneros y clichés de antaño sin que parezca forzado y les van despojando de su misticismo con toques de comedia que de tan obvios, son imperdibles. La mentalidad práctica de los también guionistas no se limita a eso, también la aplican al entorno social de entonces, a través de situaciones donde queda de manifiesto la rigidez absurda de conceptos morales, políticos y religiosos, y eso con sutileza, sin pecar de pretensiosos; de hecho, tal vez esa apertura y sencillez con que abordan temas exclusivos es su principal característica.

En el sentido técnico la película es llevaba mediante una narrativa actual, alternando situaciones de sus muchos personajes, pero manteniendo como eje central a Eddie Mannix (Josh Brolin). Esa rotación de enfoque no perjudica sus tiempos, y cada escena encaja a la perfección, la cinta se desenvuelve de manera constante, de tal forma que apenas estas por preguntarte por tal personaje y la trama te lleva allí, incluso pareciera que no hay una sola toma de más, y eso es mérito de dirección, como también lo es la recreación de estilos cinematográficos en desuso. El resultado final parece haber sido estudiado minuciosamente, porque hasta la escena más larga da la impresión de ser deliberada, como otra herramienta a sus fines.

La parte actoral está bien lograda. Destacan Josh Brolin, por cargar con el peso de buena parte del filme y haber nacido para hacerla de señor duro y responsable, y sobretodo George Clooney (Baird Whitlock) quien interpreta a un actor crédulo, no exento de problemas; nunca he sido fan suyo, pero verlo actuar que actúa es algo para recordar. Alden Ehrenreich (Hobie Doyle) está bien en su papel aunque no haya nada que lo haga memorable, pues su mejor escena es con Ralph Fiennes (Laurence Laurentz) a cuyo talento puede atribuirse el acierto. El reparto incluye a muchos actores de renombre pero su participación es muy limitada, tal vez Scarlett Johansson (DeeAnna Moran) y Channing Tatum (Burt Gurney) sean la excepción y alcanzaron a mostrar más tablas, sin embargo, todos los personajes están definidos con tal precisión, que no dan oportunidad a sus intérpretes de explayarse, restándole matices, y dejándonos la escandalosa idea de que pudo haberlo hecho cualquier otro actor, salvo, por supuesto, Clooney, quien se lleva la película.

¡Salve, Cesar! Es una entretenida lección del cine como medio para contar historias. Pasan tantas cosas en una hora con cuarenta minutos, que quisieras hacer una lista mental de hechos para analizar al final de la película, pero el cierre es tan eficaz y contundente, que invita a no tomárselo a pecho; entonces te das cuenta de lo mucho que disfrutaste la cinta, y de la magia que hay en una historia bien contada.